Algunas personas no son capaces de tolerar la
más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de sus deseos y
no soportan ningún sentimiento o circunstancia desagradable. Es decir, no
toleran el hecho de sentirse frustrados. Aunque esta situación puede ser más
frecuente en niños, también se da en los adultos, quienes consideran que sus
propias necesidades están por encima de cualquier otra cosa o persona,
incluidas las leyes o las normas sociales. De este modo, la vida de quienes
tienen Baja Tolerancia a la Frustración está llena de tragedias y
acontecimientos estresantes. Con frecuencia se sienten de mal humor, agitados,
ansiosos, tristes, resentidos, humillados o enfadados con el mundo, que debería
estar ahí para satisfacer todos sus deseos. Se sienten víctimas, se quejan
continuamente y culpan a los demás.
¿Qué puedes hacer para aumentar tu Tolerancia a
la frustración?
1. El primer paso es ser consciente de ella.
Analiza cómo son tus reacciones y qué piensas
cuando sucede algo que te molesta. Si tu reacción habitual es de Enojo, quizá
tienes baja Tolerancia.
2. Distingue entre deseos y necesidades
Si reaccionas de forma demasiado intensa ante
las frustraciones, piensa qu e estás reaccionando como si tus deseos fuesen
necesidades orgánicas que necesitan satisfacción y alivio inmediato, lo cual es
erróneo y exagerado.
3. Controlar tus impulsos
Cuando sientas un impulso a hacer algo que es
perjudicial, pregúntate si de verdad lo necesitas y piensa en los resultados que
has tenido cuando reaccionas así.
4. Aprende a soportar el dolor y el malestar
Utiliza la fuerza de tu pensamiento para lograrlo
Piensa cosas como: “puedo soportar sentirme
así, el malestar forma parte de la vida, no es tan terrible, aunque me sienta
mal me voy a aguantar...” Disciplinarnos y avanzar paso a paso es una buena
opción para vivir más felices.
5. Controla tu ambiente.
En el caso de problemas en el control de los impulsos, además de
aprender a tolerar lo desagradable, es conveniente que controles también el
ambiente que te rodea.


victorino rosado cocole
ResponderEliminarTodos nos sentimos frustrados de vez en vez: se nos forma un nudo en la garganta y nos invade una sensación de impotencia, como si quisiéramos salir corriendo, pero un gran muro nos lo impidiera.
Puede que cargues con esta frustración desde casa, o que alguna situación en la oficina –tal vez una discusión con tu jefe, tus subordinados o algún compañero de trabajo– la haya desencadenado. Sea cual sea su origen, arrastrar este sentimiento y dejar que se acumule nunca es una buena idea.